Cómo funcionan los arcoíris: explicación científica y su formación

Explico, con ejemplos cercanos y sin tecnicismos, cómo la refracción, la dispersión y las reflexiones en gotas de agua crean los arcoíris, por qué vemos arcos y no círculos y por qué aparece un arco secundario con colores invertidos.

Veo los arcoíris como una firma óptica clara: son el resultado directo de cómo la luz solar interactúa con gotas de agua en suspensión. En pocas palabras, es la separación de la luz blanca en sus colores por efecto de que la luz cambia de velocidad al entrar y salir de un medio diferente —el agua— y se refleja en su interior. A lo largo de este texto explico con detalle qué sucede dentro de una gota, por qué vemos un arco y qué límites prácticos impone la geometría del observador.

Definición breve

Qué entendemos por “arcoíris”

Un arcoíris es un fenómeno óptico y meteorológico: óptico porque depende de la física de la luz, meteorológico porque necesita gotas de lluvia o agua en suspensión. Yo describo el arcoíris como la percepción de bandas de color que aparecen en el cielo cuando la luz solar se refracta, se dispersa en frecuencia y se refleja en gotas individuales.

La luz del Sol que llega a la Tierra es, en esencia, una mezcla de todas las longitudes de onda visibles. Al entrar en el agua, cada componente de esa mezcla modifica su velocidad de forma diferente según su frecuencia; eso provoca que los colores tomen direcciones ligeramente distintas al salir de la gota. El resultado macroscópico es una franja ordenada de colores —rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta— que el observador percibe como un arco.

En mi experiencia divulgativa conviene mantener dos ideas claras: primero, cada gota actúa como un pequeño elemento óptico que dispersa la luz; segundo, el arco que vemos no es una banda proyectada sobre las gotas, sino la suma de muchísimas gotas que envían colores concretos hacia nuestros ojos según su posición. Esa combinación de refuerzo local es lo que produce la apariencia continua del arco.

Elementos clave en la definición

Refracción: es el cambio de dirección de la luz al pasar de un medio a otro, por ejemplo del aire al agua, causado por el cambio de velocidad de la luz. Yo suelo usar esta palabra como la pieza fundamental para comprender el fenómeno: sin refracción no hay separación de colores.

Dispersión: la propiedad de que diferentes colores (frecuencias) se desvían en distinto grado al atravesar un medio. La dispersión es la responsable de que la luz blanca se descomponga en colores reconocibles.

Reflexión interna: parte de la luz entra en la gota, se refleja en su interior y más tarde sale de ella; ese camino con una o más reflexiones determina la intensidad y la posición del color que recibimos. En resumen, refracción y reflexión dentro de la gota generan el color dirigido hacia el observador.

Cómo funciona: mecánica dentro de la gota y geometría del observador

Qué le ocurre a la luz al entrar y salir de una gota

Cuando un rayo de luz entra en una gota de agua desde el aire, su velocidad cambia y, por tanto, su dirección se modifica: eso es la refracción. Pero no todos los componentes de la luz blanca reaccionan igual. Las frecuencias más altas (los tonos violetas) sufren una desviación ligeramente mayor que las frecuencias más bajas (los tonos rojos). Yo insisto en esta diferencia porque explica por qué vemos colores separados y ordenados.

Dentro de la gota, parte de la luz continúa y alcanza la cara opuesta, donde una fracción se refleja hacia atrás. Esa luz reflejada puede volver a refractarse al salir de la gota; el ángulo con el que sale depende de la longitud de onda. En consecuencia, desde la posición de un observador en tierra, cada gota envía sólo un color concreto de forma preferente: la que sale en el ángulo correcto para alcanzar el ojo.

En mi explicación suelo subrayar que la gota no ‘‘proyecta’’ todo el espectro simultáneamente hacia el observador: más bien cada gota contribuye con un color según su orientación relativa al Sol y al observador. El arco que observamos es la suma de esos envíos selectivos de luz por millones de gotas.

Por qué vemos un arco y no un círculo completo

Si pudiésemos situarnos por encima de la lluvia, el fenómeno presentaría simetría circular: cada gota en torno a nuestro punto de vista enviaría su color a la misma distancia angular formando un círculo. En tierra, el horizonte corta esa circunferencia; así sólo vemos el segmento superior que llamamos arcoíris.

La posición del Sol juega un papel práctico: para que el arco sea visible el Sol debe estar detrás del observador y relativamente bajo en el cielo. Por esa razón los arcoíris aparecen con mayor frecuencia a primera y última hora del día. Yo recalco esta condición cuando explico por qué es raro ver arcoíris al mediodía, salvo en latitudes altas o con configuraciones muy específicas de lluvia y sol.

También es importante recordar que el brillo del arco depende de la densidad y tamaño de las gotas; gotas muy finas o una niebla ligera producen efectos menos saturados, mientras que una lluvia consistente y con gotas de tamaño moderado produce colores más definidos.

Arco primario y arco secundario: reflexiones y reversión de colores

El arco principal que habitualmente vemos corresponde a rayos que sufren una reflexión interna dentro de la gota y salen después de una única reflexión. En ocasiones aparece un arco secundario, más débil y situado por encima del primero. Ese segundo arco se genera cuando la luz se refleja dos veces dentro de la gota antes de salir.

Como consecuencia de esa doble reflexión, la luz sale con distinta orientación y los colores aparecen en orden inverso con respecto al arco primario: el rojo queda hacia el interior en uno y hacia el exterior en el otro. En mi práctica divulgativa subrayo este punto porque es un detalle observacional sencillo que confirma cómo la física de trayectorias interiores determina la apariencia externa.

El arco secundario suele ser más tenue: la segunda reflexión implica más pérdidas de energía dentro de la gota, por eso su intensidad es menor y sus colores menos saturados que en el arco primario.

Aplicaciones prácticas y límites observacionales

Observación: cuándo y dónde aparece un arcoíris

En el terreno práctico, yo recomiendo mirar con el Sol a la espalda y la lluvia delante: esas son las condiciones necesarias. El Sol debe estar relativamente bajo; cuanto más bajo esté, mayor será el arco sobre el horizonte y más probable que el fenómeno sea visible en toda su extensión.

Otra pauta útil: la presencia de gotas con cierto tamaño favorece colores más nítidos. Las lluvias con gotas muy finas o la niebla tienden a producir arcos pálidos o amplios en los que los colores se mezclan. Mi experiencia explicando el fenómeno a observadores noveles es que distinguir entre gota fina y gota gruesa ayuda a entender por qué algunos arcos son intensos y otros etéreos.

Si se observa desde un avión u otra posición elevada, es posible ver un arco prácticamente circular. Desde tierra, el horizonte limita la visibilidad; por eso el arco parece siempre como una media luna sobre el paisaje.

Límites físicos y razones por las que no se forma un arco

No siempre que hay lluvia aparece un arcoíris. Si la lluvia está por detrás del observador, o si el Sol está demasiado alto, la geometría deja de favorecer la llegada de luz dispersa a nuestros ojos. Yo explico esto recordando que la posición relativa del Sol, la lluvia y el observador es la variable decisiva.

Además, condiciones atmosféricas como niebla densa o nubes que bloqueen la luz directa reducen la posibilidad de un arco visible. La intensidad del Sol también importa: un cielo muy nublado atenúa la luz y hace que la dispersión no alcance niveles perceptibles.

Finalmente, el tamaño y la uniformidad de las gotas inciden en la nitidez. Gotas heterogéneas y turbulentas difuminan el arco; gotas uniformes y bien definidas lo realzan. Mi consejo es fijarse en la calidad de la lluvia cuando se valora la probabilidad de un arco nítido.

Analogías sencillas para entenderlo

El carrito de la compra: una imagen para la refracción

Me gusta usar la imagen del carrito de la compra porque traduce la idea física a una experiencia cotidiana. Si empujas un carrito desde un pavimento a un césped en perpendicular, el carrito simplemente se ralentiza. Si lo empujas en ángulo, una rueda cambia de velocidad antes que la otra y el carrito gira. En óptica, la «rueda» que cambia antes es un lado de la frente de la onda luminosa; el giro equivalente es la refracción.

Con esta analogía se comprende por qué la dirección del rayo se modifica al entrar en la gota: distintas partes de la onda ‘‘sienten’’ el medio nuevo en momentos distintos. Yo explico la refracción con esta metáfora porque evita ecuaciones y mantiene la intuición: es un cambio de velocidad que provoca un cambio de rumbo.

Insisto en un matiz: la analogía no sustituye a las leyes físicas, pero facilita captar la causa básica del giro de la luz al entrar en un nuevo medio.

La gota como un prisma pequeño

Otra analogía útil es comparar cada gota con un mini prisma. Un prisma de vidrio separa la luz blanca en colores porque cada color se desvia de forma distinta: eso es la dispersión. La gota, por su forma casi esférica, no actúa exactamente como un prisma triangular, pero la función es parecida: refracta, dispersa y, después de reflejar internamente, reemite colores en direcciones específicas.

Cuando explico esto, puntualizo que la curvatura de la gota cambia la geometría de salida respecto a un prisma plano, pero el principio de separación por frecuencia es exactamente el mismo. Esa comparación ayuda a entender por qué la luz blanca se descompone en bandas de color.

Si recuerdo algo práctico para quien observa: pensar que cada gota es un pequeño separador de colores ayuda a visualizar por qué, desde puntos del cielo distintos, recibimos colores distintos y ordenados.

FAQ

¿Por qué aparecen los colores en ese orden concreto?

El orden de colores surge de que las diferentes frecuencias de la luz se desvían en grados distintos al entrar y salir de la gota. Las longitudes de onda más largas (los rojos) se desvían menos que las más cortas (los violetas), de modo que, en el conjunto de gotas que apuntan hacia el observador, los rojos ocupan una posición angular distinta a los violetas.

Yo acostumbro a explicar que no hay arbitrariedad: la física de la refracción y la dispersión fija el orden. La percepción humana organiza esos ángulos en franjas continuas porque muchas gotas contiguas envían el mismo color hacia el ojo.

En la práctica, los bordes del arco pueden mezclarse o aparecer menos definidos según el tamaño de las gotas y la cantidad de luz, pero el orden básico de rojo a violeta se mantiene siempre en el arco primario.

¿Por qué a veces hay dos arcoíris y por qué el segundo tiene los colores invertidos?

El arco secundario aparece cuando la luz se refleja dos veces dentro de la gota antes de salir. Esa doble reflexión modifica la dirección de salida y, por ello, desplaza el arco hacia posiciones más altas en el cielo.

La inversión de color en el arco secundario es consecuencia de la trayectoria interna: con dos reflexiones, el orden de salida de las longitudes de onda cambia respecto a la trayectoria de una sola reflexión. Yo uso este hecho para mostrar cómo distintas trayectorias internas producen efectos observables claramente distintos.

Además, el segundo arco suele ser más tenue porque cada reflexión interna absorbe o dispersa parte de la energía, por eso los colores aparecen menos saturados que en el arco principal.

¿Por qué a veces veo un arco muy pálido o sólo una sugerencia de color?

Un arco pálido suele indicar gotas muy pequeñas, niebla o luz solar difusa. Cuando las gotas son diminutas, la dispersión es menos efectiva para producir bandas saturadas y la mezcla de colores se hace más homogénea a simple vista.

Yo recomiendo fijarse en las condiciones de la lluvia: si es muy fina o si hay muchas nubes que atenúan la luz solar, es probable que el arco sea tenue. Por el contrario, lluvia con gotas de tamaño moderado y sol directo detrás del observador favorece colores intensos.

También influyen factores atmosféricos locales, como polvo o humo, que reducen el contraste entre el arco y el cielo y hacen que el arco parezca lavado.

¿Es posible ver un arcoíris completo en forma de círculo?

Sí, es posible desde una posición elevada: si te colocas por encima de la lluvia, como en un avión, la simetría del fenómeno permite observar un arcoíris circular completo. En tierra, el horizonte impide ver la parte inferior del círculo y por eso normalmente vemos sólo un arco.

Yo insisto en que no se trata de una ilusión óptica sino de una cuestión geométrica: la formación del arco depende de ángulos relativos entre Sol, gotas y observador; desde altura suficiente, esos ángulos forman una circunferencia visible.

En resumen, la diferencia entre arco y círculo es sólo de posición del observador respecto a la lluvia y al horizonte.

¿Puedo predecir dónde aparecerá el arco antes de que salga?

Puedes estimar la zona general mirando con el Sol a tu espalda y buscando la lluvia delante; el arco aparecerá en la región de cielo opuesta al Sol, a una altura que depende de la elevación solar. No obstante, predecir la exacta curvatura y el brillo requiere conocer la distribución y el tamaño de las gotas, información que normalmente no tenemos con precisión.

En mi experiencia, una regla práctica funciona bien: cuanto más bajo esté el Sol, más alto y más grande parecerá el arco; cuanto más intensa y homogénea sea la lluvia delante del observador, más definido será el arco. Esa pauta suele bastar para ubicar la aparición probable del fenómeno.

Si te fijas en estas pistas, tendrás una buena probabilidad de identificar y disfrutar el arco cuando se forme.

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Pablo Alcolea

Pablo Alcolea es divulgador científico con foco en energía, espacio e investigación aplicada. Su objetivo es hacer comprensibles los avances sin sacrificar rigor: explica métodos, límites y por qué importan. Ha cubierto misiones espaciales, transición energética y biomedicina con comparativas históricas y lectura crítica de estudios. En el medio coordina especiales sobre grandes preguntas científicas y glosarios que aterrizan conceptos complejos. Sus piezas incluyen apartados de “qué sabemos”, “qué no” y “qué viene”, ayudando al lector a distinguir evidencia de hipótesis. Su escritura es sobria y visual, con ejemplos cotidianos que conectan con la vida real.

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